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  • Ps. Constanza Díaz

La experiencia temprana

Actualizado: jul 4

El bebé nace dotado por la biología para el desarrollo, pero necesita encontrar un adulto mejor dotado para la adaptación que se hagan cargo de la conservación de su cuerpo.

La madre lo ha tenido, ahora tiene que mantenerlo con vida y permitir su desarrollo.

La madre aporta los cuidados, y a través de la interacción inherente a los mismos, se activarán diversos centros funcionales innatos en el bebé que irán configurando los distintos sistemas motivacionales, es decir, las estructuras que gobernarán la afectividad, la cognición y la acción. A su vez, también en la madre, los cuidados serán portadores de estímulo, señales y mensajes de sus propios sistemas motivacionales que irán imprimiendo modalidades de desarrollo en el bebé. De modo que para comprender la vida subjetiva de los bebés o niños pequeños no se puede sino describir las condiciones de partida de los mismos, y estas motivaciones se asientan en la subjetividad del adulto.


Si nos sumergimos en la subjetividad de la madre que amamanta podemos describir el siguiente escenario de corrientes simultáneas y paralelas. En primer lugar, se halla ante el reto de comprobar si su organismo es capaz de responder al niño deseante y si es realmente capaz de hacer realidad el proyecto largamente acariciado de dar vida a su bebé con su propia leche. De modo que si se ha sosegado suficientemente de la experiencia del parto y ya sabe que ha conseguido generar vida, ahora quiere comprobar que puede mantenerla.


Una imagen de un recién nacido llorando es la imagen de la indefensión, no obstante una madre que se sienta insegura de poder responder a las demandas de cuidados vitales puede albergar hondos sentimientos de indefensión inconscientes que la hagan sentirse tan indefensa como su bebé ante la aventura de la maternidad y esta ansiedad puede llegar a malograrle la capacidad de darle el pecho (las mujeres con depresión posparto puede tener este subtexto). Sin embargo, si todo va bien, el llanto del bebé es el gatillo que activará la receptividad y disponibilidad materna, respuesta impulsada por su propio sistema motivacional de apego/cuidados. Mantendrá el máximo de proximidad física con su bebé y su capacidad de atención estará dirigida, privilegiadamente, hacia el recién nacido.

En el primer período, aproximadamente hasta los dos meses, el desafío se centrará en su capacidad para atender y regular el cuerpo del bebé y las funciones básicas del mismo: hambre, sed, excreción, excitabilidad, ritmo de vigilia y sueño. Será incesante tarea de aprovisionamiento y regulación de las funciones vitales la que contribuirá a establecer modalidades de contacto atencional, tono vital e intensidad emocional que se inscribirán en la memoria del bebé, que crearán expectativas de repetición más y más específicas, organizando de esta forma el sistema de apego del bebé.

En la medida en que la crianza se despliega en un creciente intercambio en que los llantos, la irritación, los gestos del rechazo, el malestar o las sonrisas y el bienestar corporal se constituyen en señales que la madre logra codificar adecuadamente, la ansiedad disminuirá en ambos miembros de la díada y se irán estableciendo pautas de regulación emocional en el bebé.


Fuente: Libro “Manual de psicoterapia de la relación padres e hijos” de Emilce Dio Bleichmar. Se los recomiendo!

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