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  • Ps. Constanza Díaz

Depresión infantil

Actualizado: jul 5


Todos estamos expuestos a una depresión. Continuamente estamos viendo en las noticias, escuchando en la radio o sabiendo de algún amigo, conocido o pariente, que presenta un cuadro depresivo. Y los niños no son la excepción.

Se sabe que una de cada cinco personas, en algún momento de su vida, sufrirá de depresión. Y en Chile tenemos una de las tazas más altas de depresión infantil.

Es importante distinguir entre la enfermedad depresiva propiamente tal y la depresión como síntoma aislado.

La primera es una enfermedad mental seria, que puede manifestarse de forma aguda o crónica, en brotes, y que a menudo constituye una urgencia psiquiátrica porque tiende al suicidio.

La segunda es una situación emocional que tiene una razón de ser concreta, reaccional a un determinado acontecimiento: enfermedad, cambios bruscos ya sean sociales o del entorno, fracaso escolar… Hay, pues, múltiples ocasiones para estar deprimido sin que se esté enfermo.

Es importante conocer  que la depresión es una de las respuestas posibles ante el sufrimiento, pero no hay que confundirla con éste, ni tampoco es la única respuesta posible del niño (rechazo, cólera, rabia, etc). La reacción depresiva viene a ser como la última posibilidad para evitar impotencia ante el sufrimiento físico y psíquico. Dicha reacción equivale a una agresividad no descargada. En el núcleo de toda depresión existe, siempre, un sentimiento de pérdida interna. De algo querido que se nos ha ido o hemos perdido.

El denominador común de la enfermedad depresiva es la tristeza extrema. Pero habitualmente no se manifiesta como tal, sino de manera camuflada, enmascarada a través de síntomas aparentemente ajenos. En los adultos tenemos el insomnio pertinaz que no cede a los somníferos, o el dolor de espalda que no se calma con analgésicos. En la infancia, especialmente en los niños pequeños, aparece siempre enmascarada, acostumbrando a pasar inadvertida y quedándose sin diagnosticar.

La depresión en los niños es mucho más frecuente de lo que la gente cree. En líneas generales, podemos decir que aproximadamente el dos o tres por ciento de todos los niños con un comportamiento alterado presentan depresiones de grado medio a severo, y otro seis a ocho por ciento de carácter leve.


Aunque cada síntoma aisladamente no es indicativo de depresión, en su conjunto orienta el diagnóstico.

En el pequeño serán el llanto y los gritos aparentemente inmotivados, la defecación encima (encopresis), los trastornos del sueño y del apetito, la manipulación de genitales, los signos que pondrán en guardia frente a un posible cuadro depresivo.

Los escolares irritables, inseguros, a los que se les escapa el pipi (enuresis), se comen las uñas, tiene insomnio y agitación durante el sueño, con pesadillas, se despiertan muy temprano, se masturban con frecuencia, tienen una exagerada avidez por los dulces. Son candidatos al diagnostico depresivo.

A veces la depresion se acompaña por fobias, o bien queda camuflada por ellas. En otros casos la depresión se manifiesta por un retraso escolar que nadie acierta a explicarse.


Los adolescentes depresivos se aproximan clínicamente al cuadro del adulto (al menos cualitativamente). Son típicos los dolores de cabeza y de espalda, los insomnios, el mutismo, los tics, la obesidad y, también, el adelgazamiento (estos síntomas y signos, aisladamente no tiene por qué ser depresivos. recuerde que siempre es importante consultar a su especialista).

La sintomatología psíquica oscila entre la actitud pasiva-inhibida, propia de las niñas, y la actitud activa- agitada, frecuente en los niños. Las adolescentes depresivas son con preferencia tristes, inhibidas, obedientes, discretas y tranquilas (a lo que se le ha llamado síndrome de cenicienta), mientras que  los varones son rebeldes, irritantes, miedosos, con tendencia al aislamiento, temerosos en establecer contacto y agresivos en su relación social.

Hoy en día estamos en condiciones de poder ayudar a los niños depresivos, ya que se dispone de modernos fármacos específicos para esta entidad y otras alternativas. Sólo hace falta saber diagnosticarla a tiempo.





Consejos:

No ignore los síntomas de depresión Dé mas atención de lo normal a su hijo. Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un puzzle con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.

Hágale preguntas y esté atento a las pistas Un niño en edad de escolarización básica, puede llegar a decir “soy tonto”. No se trata simplemente de apoyarlos diciéndoles que no lo son, pregúnteles sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo. Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño. El niño necesita de atención, del interés por su parte.

Establezca y mantenga las rutinas Necesita sentir que su vida es predecible para no generar angustia ,y necesita ver a padres predecibles y confiables en sus reacciones y en el día a día.

Esté atento por si el niño tiene estrés Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregúntese si tu hijo no está haciendo demasiadas cosas. Si no le estás sobrecargando de actividades. Puede que el niño se siente cansado y estresado.

Tranquilice a su niño Es importantísimo ponerle atención, verlo y leerlo en su individualidad y así poder conectar con él o ella y llegar a la calma. En ese proceso podemos escucharlo y a la vez averiguar sobre su rutina.

Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en su instinto. Si ves que su niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo medico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos.

Bibliografía: “Salud y psicología del niño” P. Castells Cuixar




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