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Psicología

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El sueño del bebé

Enviado por Constanza Díaz Villanueva el 25/11/2009 a las 22:28

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Para el bebé, dormir constituye una función primordial. La calidad del sueño influye directamente en su salud y su desarrollo. Para los padres, saber reconocer los ritmos y las fluctuaciones del sueño contribuye al equilibrio familiar y, con ello, a la plenitud del niño/a.

 

Mientras duerme, el bebé termina de desarrollarse tanto físicamente como en lo que se refiere a sus funciones cerebrales. La hormona del crecimiento se secreta en la fase del sueño lento. Durante las fases del sueño paradójico, se inscriben en la memoria las primeras experiencias, lo que aprende cuando esta despierto. Por este motivo, resulta fundamental respetarle los ritmos del sueño, cuya regulación se alcanza de forma progresiva. Los cuatro primeros meses suponen básicamente un período de adaptación difícil para el bebé y es preciso facilitárselo creando a su alrededor un clima afectivo y relajado. El bebé es muy sensible al estado de ánimo de quienes lo rodean y necesitan mimos. Así pues, dulzura, pero sin olvidar la firmeza. Hay que saber dejar llorar al niño en la cuna antes de apresurarse a darle de comer, por ejemplo, si no le toca. Necesita organizarse el sueño él solo. De este modo se le ayuda a adquirir autonomía y equilibrio.

 

El primer mes: pendientes del recién nacido

 

El recién nacido tiene que hacer muchas cosas. Tiene que adaptarse a un entorno sonoro, visual y afectivo que va descubriendo día a día, siempre dominado por sus propios ritmos biológicos y sus funciones naturales: el sueño y el hambre, una sensación nueva, que experimenta desde que no recibe alimentos a través del cordón umbilical.

 

Respetar el sueño

 

El recién nacido duerme mucho: de dieciséis a veinte horas al día, de las que más de la mitad son de sueño paradójico. Durante las primeras semanas, no distingue entre el día y la noche. Se despierta llorando porque tiene hambre, por regla general, cada tres o cuatro horas. Debe procurarse no interferir en su sueño, ya que necesita enlazar de forma natural las fases de vigilia y de sueño para conseguir adaptarse. Deberá intentar seguir su ritmo: duerma cuando él duerma, , así podrá recuperarse al máximo. Mantenga a su alrededor un entorno tranquilo y armonioso, no con un silencio absoluto, pero si con ausencia de ruidos fuertes (aspiradora, portazos, etc.) Aproveche sus ratos de vigilia para alimentarlo, cuidarlo, mimarlo y sacarlo a pasear. Será necesario esperar aún algunos meses más, según el bebé, para que despierte menos en la noche.

 

Tranquilícelo

 

El niño se adapta mejor a la nueva vida si se le proporciona sensación de seguridad. Hay cuatro principios básicos para crear las condiciones adecuadas:

  • Cama o cuna confortables. El bebé pasa a echado muchas horas y el capazo, tan agradable, pronto se le queda pequeño. Al niño le gusta reconocer el color, el olor y la forma de su cama. Le encantará contar con algunos elementos que se convertirán en un universo familiar y divertido: algunos peluches, un móvil, etc.

  • No cambiarlo de cama. Si se le pasa a otra habitación para mantenerlo tranquilo, conviene llevarlo en su cuna para que conserve los puntos de referencia. Del mismo modo, en las salidas de fin de semana o de vacaciones, es aconsejable llevar la cuna plegable, que se a convertido en algo familiar.

  • Cogerlo en brazos tras las tomas. Echado sobre su madre o acurrucado en brazos de su padre, recupera las voces, los olores y los gestos que lo tranquilizan. Pero hay que separar los mimos del adormecimiento para que aprenda a dormirse solo en cama.

¿Dejarlo llorar?

De vuelta en la cama tras los mimos posteriores a la toma, si todavía no lo ha hecho puede dormirse a costa de algo de llanto. Hay que dejarlo llorar: es su forma de coger el sueño.

Evidentemente, debe comprobarse que no le incomode nada, que no tiene demasiado calor y que va limpio, pero no hay que volverlo a coger en brazos: si los lloros persisten, pruebe a tocarlo con la mano para tranquilizarlo mientras le dice algunas palabras o le canta alguna canción de cuna, pero sin estimularlo demasiado; acabará por dormirse. No conviene que la madre lo lleve a su cama por la noche, ya que podría quedarse dormida antes de volverlo a poner en la cuna, con el riesgo de dañarlo sin querer.

 

De 1 a 4 meses: adquisición de los ritmos del sueño.

 

Poco a poco el bebé aprende a distinguir entre el día y la noche, de modo que permanece más tiempo despierto de día y duerme más por la noche. Pero este período de transición, durante el que va adquiriendo el tipo de sueño del adulto, no excluye ciertas dificultades, especialmente al final del día.

Alternancia del dia y la noche

Para acompañar al niño en el aprendizaje del ritmo dia/noche, se ofrecen a continuación algunos consejos que deberían facilitarle la adaptación sin brusquedades.

  • Diferenciar las tomas del dia y de las noches: Desde el comienzo, deben adoptarse rituales distintos. De día, los ruidos cotidianos, las voces o la música estimulan al bebé.

Por la noche, todo debe estar en silencio. Conviene mantener este ambiente, reducir la intensidad de la luz, no hablarle demasiado ni intentar arrancarle sonrisas y volverlo a acostarlo inmediatamente después del eructo. Tras la última toma del día, es importante crear las condiciones adecuadas para irse a dormir: después de haberlo cambiado, póngale el pijama, acuéstelo, dele las buenas noches, corra las cortinas y apague la luz. Poco a poco irá comprendiendo las diferencias.

 

  • Espaciar las tomas: Reducir, muy lentamente, el número de tomas nocturnas, con la oportuna modificación de la cantidad de leche, contribuirá a que pierda la la costumbre de alimentarse en la noche. A partir del segundo o tercer mes, cuando el niño/a pesa alrededor de 5kg, dispone de reservas suficientes para no precisar alimentarse por la noche. Si llora, no debe apresurarse en cogerlo ni almentarlo; es mejor dejarlo lllorar un poco. Quizá todavía no se haya despertado del todo o bien aún no se haya llevado el pulgar a la boca para succionarlo, lo que lo calmará del todo. Hay que dejar que vuelva a dormirse solo. Si persiste el llanto, tranquilícelo en silencio y a oscuras, sin cogerlo. Hasta los cuatro meses, el bebé no consigue dormir entre nueve y diez horas seguidas todas las noches, por lo que conviene responder a sus necesidades con tranquilidad y dulzura, pero también con firmeza.

  • No deje que el niño duerma con o cerca de usted. En especial tras el primer mes, es mejor que tenga, si no una habitación propia, por lo menos sí su rincón particular.

 

El llanto al final del día

Entre la segunda y la décima semana, con un máximo de intensidad hacia la sexta semana, sucede a menudo, al caer la noche, entre las 17 y las 23 horas, que el bebé empieza a llorar y a retrocederse, con todos los signos de un malestar intenso. Sin embargo, está limpio, ha comido bien, ha eructado, no tiene demasiado calor... Se trata de “la ansiedad del anochecer” (los pediatras hablan de disritmia vespertina). No existe motivo de alarma. Se trata de algo frecuente y pasajero, que corresponde a una fase de vigilia agitada y desaparece hacia el tercer mes. El bebé, que no dispone de otro medio para descargar la tensión que ha acumulado a lo largo del día, “se desquita”. Estos problemas forman parte de la adaptación a los ritmos del dia y de la noche y deben reconocerse como tales.

  • Debe mantenerse la calma y la paciencia. La duración de estas crisis diarias de llanto es variable, pero pueden llegar a superar las dos horas. Sin duda, un rato que pone a prueba la paciencia de los padres y del entorno, pero es preciso conservar la calma y la tranquilidad ya que, de lo contrario, el bebé se resentirá enormemente de la ansiedad que lo invade y los llantos adquirirán mayor fuerza.

    Evidentemente, no está prohibido consolarlo: mézalo con suavidad, en un ambiente de luz tenue, sin hablarle. Pero no hay que seder con demasiada frecuencia, puesto que se corre el riesgo de que asocie el llanto con la obtención de los mimos que tanto le gustan.

  • No se deben recurrir a los somníferos. No existen medicamentos eficaces para los trastornos del sueño del niño, además podrían poner en peligro el desarrollo del cerebro, en plena maduración.

  • No hay que atribuir los llantos a cólicos. Los dolores abdominales, que se producen de forma irregular durante el día, no son suficientes para explicar estos llantos por la noche. Otro posible error consistiría en interpretarlos como crisis de hambre. No intente alimentar al niño para calmarlo. Debe mantenerse la sangre fria y rodearlo de calma mientras se espera que encuentre su ritmo.

 

Después de los cuatro meses... el equilibrio encontrado.

Después de los cuatro meses, se entra en un período de calma. El niño se muestra más tranquilo, ya no le duele la barriga, se alimenta bien y duerme por la noche. Sus funciones primordiales se han estabilizado. Tiene unas horas más fijas para las comidas (a esta edad, cuatro al dia por regla general). Duerme entre 9 y 12 horas por la noche y sigue durmiendo mucho de día (alrededor de cinco o seis horas, repartidas, según el niño, por la mañana y principios y final de la tarde).

Ahora ya sabe dormirse y despertarse sin llorar, y vuelve a dormirse solo si se despierta. Los padres ya han aprendido a reconocer cuándo quieren dormir y deben seguir respetando sus ritmos. Pero todavía hay diversas circunstancias susceptibles de perturbarle el sueño. Se trata del período de los pequeños accesos de fiebre, ya que empieza a enfrentarse a las infecciones. Quiza se queda al cuidado de otras personas, puede que vayan de vacaciones... tendrá que aún adaptarse a cambios de lugar y a nuevas caras. El equilibrio que se ha alcanzado en los primeros meses entre los padres y el bebé facilitará este período. Unos meses de descanso, antes de la próxima fase de transformación (alrededor de los 8 meses)

 

Bibliografia: Larousse para padres

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IRENE
IRENE el 10/09/2010 a las 22:32

Me parece mentira que a estas alturas de la vida digan que a un bebe recien nacido lo lleven al cuarto de baño o a la cocina en su cunita para dormir....es lo mas decepcionante, desesperante y desamparante para una personita tan indefensa y con tanta dependencia de sus padres. No entiendo como pueden afirmar esas cosas y ademas, publicarlas!  


Cristian
Cristian el 13/08/2010 a las 1:54

la cagooooo  cierto  todo


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