Muchos sabemos lo que es sufrir un robo o hemos sufrido por la desaparicion de algo de nuestra propiedad cuya búsqueda nos ha tenido de cabeza durante varios días, pero ¿les ha pasado que ese objeto aparece en el cajón de uno de nuestros hij@s?
Podemos llamarles sustracciones, pillerías, raterías, pequeños hurtos o como cada uno de ustedes quieran, la cuestión es que al niño o niña le gusta hacerse con las cosas de los demás. El deseo de apropiarse, de acaparar los objetos que "estan a mano", es algo institntivo en el niño o niña, amigo innato de lo ageno.
Los antiguos romanos entendían que durante la infancia, que para ellos duraba hasta los siete años, el niño o niña era equiparable al loco y por lo tanto no se podian imputar delitos. Lo cual es evidente, ya que para que el niño tenga la "noción de robo" es preciso que tenga una idea sobre el sentido de propiedad, asi como del bien y del mal, en relación a la familia y a la sociedad. Y esta situación comprensiva aparece entre los seis y siete años.
Bien sea alimento, dinero, objetos caseros, material escolar, articulos de tiendas... todo tiene su atractivo para los más pequeños. El dinero que se sustrae del monedero de la mamá o del bolsillo de la chaqueta del papá, luego se gasta en chucherías y comestibles, que muy bien sabemos después se reparte entre los amigos.
Cuando los hurtos son frecuentes y el valor de lo sustraido aumenta progresivamente, puede tratarse de un sintoma que se puede traducir en que el niño o niña quieren comunicar algo, bien sea un deseo de independencia o, por el contrario, de mayor acercamiento a sus padres. Con estos actos el niño o niña quiere hacerce notar y compensar, al mismo tiempo, sus sentimientos de inseguridad e impotencia. " Apropiarse de objetos de los padres es querer equipararse a ellos, participar en su poder", según nos interpreta Ajuriaguerra.
A medida que el niño o niña va creciendo los actos delictivos presentan otras características que deben valorarse por separado, como son, por ejemplo, motivos del delito, cantidad de lo robado, valor real, molestias a la victima, reincidencia, etc. Sin ánimos de disculpar al niño o niña que delinque, no esta de más recordar la sentencia de Aristóteles: "No se es ladrón por el sólo hecho de haber robado".
Si repasamos la cronología del delito, veremos que el delincuente no se hace en un día. El paso de un pequeño ladrón a delincuente juvenil precisa de una serie de condicionantes sociofamiliares que favorezcan esta patología social. Quizá en todo ello tengamos un poco de culpa los profesionales de la salud mental infantil, porque hemos abandonado nuestro compromiso histórico de estar junto al delincuente infanto-juvenil. Cuando en 1937 se organizó en Paris el I Congreso Internacional de Psiquiatria Infantil, se estableció el papel de esta disciplina en tres pasos:
1. Psiquiatria infantil en general
2. Psiquiatra infantil en la escuela
3. Sus relaciones con la delincuencia infantil y juvenil
Tanto en el segundo como en el tercer aspecto, en especial, debemos reconocer que nuestra labor no ha sido - ni lo es - todo lo fructífera que cabría esperar.
Bibliografía: Gui de salud y psicología del niño



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